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Mostrando entradas de agosto, 2025

Vol. 14: Rubia de la cuarta fila - Joaquín Sabina

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A cero metros del Atlántico, donde el mar respira contra la piedra y la sal se pega a la piel, a setenta kilómetros de la capital, late nuestra ciudad. Ocho polígonos industriales la rodean, desplegando casi 9,5 millones de metros cuadrados de hierro, asfalto y camiones que rugen como bestias. En este caso, nadie se atrevería a llamarla "ciudad dormitorio" porque no lo es. La ‘intro’ de hoy es mi guiño personal a Isi/Disi, amor a lo bestia , dirigida por Chema de la Peña: un juego de espejos con aquellas primeras líneas dedicadas a Leganés. Que no se me ofenda nadie allí: esta ciudad no tiene nada que envidiar. Ellos tienen a Sabina; nosotros, a Luz Casal, a Xoel López o a María Xosé Silvar (Sés), voces que también saben cantarle a la vida con presencia y con las manos en los bolsillos. Es cierto: los personajes reales poco se parecen a los que ahora revolotean en mi cabeza. Pero hay un chico que se enamora, una rubia despampanante que se le mete en la sangre, y un amigo con ...

PARALELO VI: Pedradas.

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¿Y tú? ¿Tienes alguna pedrada encima? Hace unos días, en uno de los Relatos Paralelos, recordaba aquellos veranos de infancia en los que siempre había alguien que, entre juegos, acababa con una pedrada. Nada grave: apenas un rasguño y otra historia que contar al caer la tarde. Hoy no vengo a hablar de esas pedradas externas, sino de otras muy distintas: las que se instalan dentro de la cabeza y no hay casco que valga. “Pedradas”, “taritas” o “costurones”… llámalo como quieras. —¿Pero qué dices, Pumuki? Si tú estás muy bien del tarro… ¡si hasta escribes un blog! —Ejem. Sí, claro… porque escribir un blog siempre ha sido prueba irrefutable de cordura... Que no cunda el pánico, que mis pedradas no rompen cristales ni levantan chichones. Son de consumo interno, inofensivas para la humanidad. Aquí va un inventario —incompleto, pero representativo— de las que más me marcan: Pedrada nº1: la hipocondría creativa Esta es la madre de todas mis pedradas. Llámalo cosas de la edad o exceso de ...

VOL.13: Outro - Kase.O

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En música, el outro es, literalmente, la parte final o la pista de cierre de una obra; el opuesto a la intro. Si hubiera sido una artista, el 14 de marzo de 2025 podría haber compuesto la intro de una aventura que empezaba con toda la ilusión del mundo. Una historia que, aunque nació con un propósito distinto, terminó —en el camino— convirtiéndose en algo plenamente mío: la compraventa y reforma de mi casa . Hoy, 22 de agosto de 2025, después de muchos quebraderos de cabeza y alguna que otra pena, se acabaron el polvo, el plástico y el “ojo, que aún está fresco”. Giro la llave y, por primera vez, no hay obreros tras las puertas: solo un silencio de hogar, olor a pintura y a madera. Hay ventanales altos por donde la luz cae en láminas y abre charcos en el suelo y, en la terraza —esa que recuerda a la noche de San Juan y a aquella botella que prometimos abrir—, donde antes había baldosas sucias, ahora hay parterres donde florecen rosales que me alegran la vista.  Los veo a través de ...

PARALELO V - Donde siempre volvemos.

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Íbamos en coche hacia nuestro lugar de origen cuando, de repente, la conversación con mi hermana nos llevó atrás en el tiempo.  El paisaje se teñía de tonos cálidos, la carretera —en otro tiempo apodada ‘erótica’ por sus curvas— se abría paso entre las montañas y, en el retrovisor, se recogían los últimos destellos del día.  Fue ahí, entre risas y recuerdos compartidos, cuando volvimos a esos veranos que parecen cada vez más lejanos, ahora que llevamos tantos años viviendo fuera del lugar al que siempre volvemos.  Vivíamos en un núcleo rural y, con la llegada de las esperadas vacaciones estivales, el tiempo parecía ralentizarse de manera casi mágica. Tocaba despedirse, aunque solo fuera con un “hasta luego”, de los horarios impuestos por el calendario escolar, de aquellas tardes de estudio intenso antes de los exámenes de la tercera evaluación y de los compañeros de colegio o instituto, a muchos de los cuales volverías a ver en septiembre.   Ya en la adolescencia,...

Vol 12. Lo que te mereces- Viva Suecia

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Conocí a Viva Suecia no por Spotify, ni por YouTube, ni siquiera por la radio… sino a golpe de pedal, sudor, piernas temblando y patata a full, gracias a nuestro mítico monitor de spinning del centro municipal donde entreno desde 2018. Sus clases eran pura dinamita: de esas en las que mirabas a la pantalla antes de empezar y pensabas: “Bueno amigos... un placer haber coincidido en esta vida.” Pero una vez que empezabas, te mantenías ahí: piernas ardiendo en escaladas que exprimían hasta la última gota, descansos de un ‘suspirito’ y montañas tábata que te obligaban a sacar la bestia que llevas dentro. Y justo cuando creías que el corazón iba a salirse del pecho, llegaba el arreón final en zona roja, rojísima. Y llegabas. Vaya si llegabas. Pero con los dientes bien apretados. ¿El premio? Ese instante glorioso en el que sabes que lo has dado todo, que has ganado la batalla contra tu propia cabeza … y que, en la vuelta a la calma, de pronto, suene un temazo como el que hoy os traigo. No e...

PARALELO IV- Las huellas

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No todos los golpes duelen. Algunos —como aquel 3,5 en latín— te colocan en el sitio justo para aprender a caminar mejor y más recta. Hace 25 años tuve un profesor de latín y griego en el instituto. De esos que no regalaban ni un punto y a los que no les temblaba el pulso para descontarte 0,25 por una coma mal puesta, una tilde ausente o fuera de lugar, o un error de estilo; y hasta 0,50 por una falta de ortografía. Exigente hasta la médula, implacable con los fallos, pero justo. Recuerdo a esa Pumuki de unos 15 años saliendo de clase convencida de que había bordado el examen: declinaciones, chupado; traducciones, fetén; y el tema a desarrollar —Origen y expansión de Roma— lo llevaba chapadísimo. La sorpresa vino al recibir las notas: de un 9,5, solo había sobrevivido un 3,5, devorado por una masacre de descuentos por faltas de ortografía. Amigos, vaya drama. Qué injusto me había parecido aquello (pero no olvidéis cómo he terminado el primer párrafo). Después de aquel 3,5, yo —acostumb...

Vol. 11: Buscando el mar- Rulo y la Contrabanda

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Todos los veranos son distintos , dicen. El sol, las buenas temperaturas, las vacaciones, los planes nocturnos… por una cosa o por otra, siempre dejan algo que recordar. Y este verano, para mí, no está siendo la excepción. El verano del 2025 lo recordaré por muchas cosas, pero sobre todo, por ser ese verano en el que aprendí a estar sola . En el que me dejé llevar por lo que realmente me apetecía, sin dar explicaciones. Sin planear nada con nadie. Pero, siendo francos, es jodido. Es jodido cuando, después de dos veranos haciendo planes con la misma persona —tu pareja—, esa persona desaparece como si se hubiera muerto. Y no. No se ha muerto (a Dios gracias). Solo ha hecho como si tú ya no existieras. Y entonces tú pones buena cara, te vistes de verano, te dices que todo va bien, e intentas disfrutar del optimismo colectivo y de la vitamina D que nos proporciona nuestro querido sol… escaso, por cierto, en estas latitudes norteñas. Aunque en marzo los tímidos rayos de sol nos ...

PARALELO III: "Yo soy de aguja"

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Muchos viernes me reúno con un grupo entrañable: mi hermana, mi cuñado y algunos amigos con los que el tiempo se escapa entre risas y palabras. Somos buenos conversadores —curiosos, intensos, a ratos mordaces— y nuestras tertulias fluyen con naturalidad desde lo cotidiano, como el trabajo o el vaivén de nuestros proyectos vitales, hasta anécdotas insólitas, desvaríos sobre el desconcertante estado del mundo o teorías más o menos serias sobre cómo podría acabarse todo. Todo cabe, mientras haya una cerveza fría y ganas de pensar (y reír) juntos. Hace unos viernes se sumó a nuestras reuniones un amigo de toda la vida. Aquella noche, entre cervezas y confesiones cruzadas, nos dejamos llevar por la conversación hasta desembocar en un tema que nos tocó a todos:  cómo han cambiado las formas de comunicarse  y, con ellas, la ligereza con la que a menudo se habita el vínculo.  Hablamos de la superficialidad, del vértigo de lo inmediato, y de esa creciente falta de compromiso que p...

Vol.10 - La misma mujer distinta- Mikel Erentxun

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VOL. 10: La misma mujer distinta — Mikel Erentxun Sonó como si nada. Fue un Kairós. Y aunque después doliera, me empujó hacia donde tenía que estar.  Dicen los griegos que no todo el tiempo es igual. Que existe el chrónos (χρόνος), que es el tiempo que miden los relojes y agendas —los días que simplemente pasan sin pena ni gloria. Y luego está el Kairós (καιρός): el instante perfecto, el momento oportuno. Esta historia transcurre en uno de esos días. No fue extraordinario. Pero fue irrepetible. Un martes cualquiera que se convirtió en mi Kairós . ¿Tienes una canción que asociarás para siempre a “esa persona” y a “ese momento”? La mía es esta. La nuestra era esta. Y no se me va a olvidar en lo que me queda de vida. Fue un martes cualquiera. Aunque no tan cualquiera: era el primer día de mis vacaciones. Ese tipo de día que llevas semanas tachando en el calendario, sin saber que en realidad lo que vas a empezar no es un descanso, sino una historia. Nos conocíamos de antes. ...