Vol.16- San Francisco el Grande- Niña Polaca

Atiéndeme: si te dejan, deja de seguir las listas de Spotify de tu ex. Y más si te dejan por otra. ¿Por qué? Porque acabarás viéndote en canciones que, en realidad, ya no hablan de ti, sino de la persona que vino después.

Mi cerebro me hace la jugada una y otra vez: ¿y si esta canción va por ti? ¿y si es una indirecta? La parte emocional se relame, pero la racional me corta en seco: a ver, Pumuki, ¿ha habido algún contacto más allá de las gestiones económicas que ya quedaron resueltas? No. Pues entonces, deja de hacerte pajas mentales.


Así que vuelvo a la realidad y a la interpretación literal de los hechos. Os hablo desde el punto de vista de la dejada por otra. Aquí arranca la disección de San Francisco el Grande, de Niña Polaca, que acabo de descubrir (ironías de la vida) gracias a la lista de Spotify de mi ex. Y oye, me ha gustado. Porque si algo hay que reconocer, es que en cuanto a música, nuestros gustos siempre fueron bastante coincidentes.

“Y no soy ningún santo, pero he cumplido
No venderé versiones falsas de mí mismo
No intentaré que te quedes conmigo
Nunca entro a jugar si no he ganado de inicio
Niña, me he tragado todas tus palabras malas
Salgo de aquí a pedazos y orgullo herido”

Cuando yo añado una canción a mi lista no es solo porque me gusta, es porque me siento conectada con la historia que cuenta. Y, por pura lógica, tiendo a pensar que quien la mete en su lista, también lo hace porque le encaja. Esa es mi tesis inicial, con todas las reservas que queráis: no solo añadimos melodías, añadimos relatos.

Así que, como la libertad de expresión y de pensamiento está reconocida por la Constitución, me tomo la licencia de sacar mis propias conclusiones y a manifestarlas en este espacio. 

Y lo que deduzco es que la relación con la co-presentadora emocional no ha ido como se esperaba. Hay indicios evidentes (ya sabéis: ojos que no ven, Instagram que te lo cuenta).

Eso sí, desde el minuto uno en que supe que mi ex tenía sentimientos por otra, les deseé lo mejor. Si conmigo no podía ser feliz, que lo fuera con otra. Ahí no hubo rencor. Otra cosa fue el engaño de los meses previos: esas señales que yo veía y él me negaba, tratándome como si fuera la loca del coño. Esa es otra historia. Pero una vez la verdad salió a la luz: amigo, buena suerte y hasta luego.

Y claro que no es ningún santo. Nadie le pide que lo sea. Lo único que yo reclamaba era una relación basada en la verdad. ¿La tuve? Considero que no. Porque cuando alguien te altera las hormonas, lo honesto es ir a por esa persona, pero antes dejar la relación que tienes. Así das paso a lo que realmente quieres y permites que la otra parte rehaga su vida.

Así que no, colega: conmigo no has cumplido. Has estado meses negando lo evidente. Y si a “cumplir” le llamas dejar a tu pareja cuando ya tienes a punto de caramelo a la nueva (quizá porque ya había pasado algo), eso no es cumplir. Eso es ser un infiel y un cobarde.

Soltar una rama cuando ya has cogido otra, vaya.

Llámalo como quieras, pero recuerda que tus actos te definen. Puedes vender todo el humo que quieras, posar de tío empático, sufridor, rebelde porque el mundo te hizo así… De estudiante de forestales a supuesto apasionado del Derecho cuando no has cogido un manual en tu vida. Hulio. Que nos conocemos el percal. Pero vaya, que no vendes falsas versiones de ti mismo… No, qué va.

Y ojo, aquí hablo desde mi percepción. Que con la co-presentadora haya sido el tío más real del mundo… quién sabe. Que posiblemente sí.

Pero aquí va una confesión tan amarga como real: el susodicho dejó una relación con una tía legal por la co-presentadora (que no dudo que lo sea)… y la co-presentadora, al poco, parece que lo dejó por un guapo y fornido corredor de trail.

Justicia poética, amigos.

Pero dejemos la hemeroteca sentimental y volvamos a la canción, que al fin y al cabo es lo que nos trajo hasta aquí.

“Me va a costar mirar tu lado de la cama
Si Juancho lloró el Sella, yo lloraré el Nilo
Voy a escribirte algo realmente bonito
Que aunque me he de ir siempre estaré contigo
Que aunque no sufriré voy a soñar contigo
Que si no lo hice bien ha sido por descuido
Que hay tantos cachitos dentro de mí mismo
Que tú habías juntado y que ahora he perdido.”

Pues sí, cierto: mirar el lado de la cama que ocupaba tu pareja es doloroso. Deja de serlo cuando te plantas en el medio y tu cuerpo se estira, reclamando el espacio. Hay que aprender a hacerlo así, hasta que un buen día alguien con quien de verdad estés en sintonía vuelva a ocupar ese hueco y dejes de echar de menos.

Mientras tanto, puedes llorar el Sella, el Nilo, el Miño o incluso el Támesis. Al final esas lágrimas sirven para lo mismo: limpiar la basura de quien te ha dejado con el tacto de un cirujano con párkinson.

Y ahora, como hace la canción, vamos a maquillar la herida y cubrirla de papel de celofán: te voy a escribir algo realmente bonito. Que sepas que, aunque me he de ir, estaré contigo… aunque la relación ya esté esperando al juez de guardia para practicar el levantamiento del cadáver. Ahí seguiré, como sombra eterna.

¿No será esto posesión disfrazada de romanticismo? Si yo fuera la co-presentadora, quizá me sentiría un poco agobiada, ¿no?

Pero oye, que sepas que no me va a doler, no voy a sufrir… pero voy a soñar contigo. Porque voy a dejar rendijas abiertas en el subconsciente para que puedas entrar, aunque sea en sueños, porque no soy capaz de aceptar que me han dado una calabaza. Y mira que se cotizan las calabazas ahora que llega Halloween, pero hay quien sigue sin ser capaz de aceptar el final.

“Si no lo hice bien ha sido por descuido…”

A ver, un descuido es dejarte las llaves en la cerradura, que se te quemen las tostadas o que el cajero automático se trague tu tarjeta porque has olvidado retirarla a tiempo. Eso son descuidos.

Lo otro no. Lo otro fue una decisión. ¿No será que ese “descuido” es solo una excusa para camuflar lo que no quieres asumir? Porque asumir responsabilidades por lo mal hecho es mucho más difícil que esconderse detrás de la coartada del descuido.

Respecto a los cachitos, se evidencia otra vez la falta de responsabilidad. Todos somos un puzzle, sí, pero si el pegamento tiene que venir siempre de fuera y tú no eres capaz de aglutinar tus piezas, lo que demuestras es incapacidad para sostenerte.

Mala, mala, que te has ido… y claro, como te has marchado ahora resulta que estoy perdiendo trozos de mí mismo. Victimismo de manual.

“Que te has vuelto a fugar cuando más falta hace
Que he visto atardecer en San Francisco el Grande
Con un calor que parte voluntades
Y arden recuerdos que contigo habrían sido frases
Que aún conociendo el fraude aposté a ganarte
Se me ha quemado la fe al verme tan cobarde
Tus manchas se están yendo con alcohol y arte
Y en un par de meses tiraré pa’ delante”

Estos versos los podría haber escrito yo pensando en él. No tuve el gusto de ver atardecer en San Francisco el Grande, pero justo dos días antes subimos al Monte Pedroso a contemplar la panorámica de Santiago.

Y once días después me soltó la bomba: “tengo sentimientos por otra persona y quiero estar con ella”.

Aunque a mí ya no me arde recuerdo ninguno. Igual a él sí, pensando en la co-presentadora emocional.

Que conoce el fraude es palmario. El fraude emocional.

Al menos, la canción cierra con un canto a la esperanza cuando dice que en un par de meses tirará pa’ delante.

Como no puede ser de otra manera, le deseo lo mejor en su camino.

Al final, supongo que cada canción abre un espejo. Tanto para quien la escucha, como para el que logra sobrevivirse a sí mismo después del incendio.

No puede faltar este tema en nuestra playlist. Aquí os lo dejo. 


Este juego de espejos con las canciones ya lo conté en el 👉 Vol. 8: ¿Volverá?, de Coque Malla

Puedes ver todas las disecciones musicales en el 👉 Cuaderno de canciones.



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