Vol. 11: Buscando el mar- Rulo y la Contrabanda
Todos los veranos son distintos, dicen.
El sol, las buenas temperaturas, las vacaciones, los planes nocturnos… por una cosa o por otra, siempre dejan algo que recordar.
Y este verano, para mí, no está siendo la excepción.
El verano del 2025 lo recordaré por muchas cosas, pero sobre todo, por ser ese verano en el que aprendí a estar sola. En el que me dejé llevar por lo que realmente me apetecía, sin dar explicaciones. Sin planear nada con nadie.
Pero, siendo francos, es jodido.
Es jodido cuando, después de dos veranos haciendo planes con la misma persona —tu pareja—, esa persona desaparece como si se hubiera muerto.
Y no. No se ha muerto (a Dios gracias).
Solo ha hecho como si tú ya no existieras.
Y entonces tú pones buena cara, te vistes de verano, te dices que todo va bien, e intentas disfrutar del optimismo colectivo y de la vitamina D que nos proporciona nuestro querido sol… escaso, por cierto, en estas latitudes norteñas.
Aunque en marzo los tímidos rayos de sol nos ayudaron a no caer del todo en el pozo inmundo de las rupturas, los largos días de lluvia hacían pensar —como dice Rulo en la canción— que sería un verano extraño, pues solo lloverá.
Pequeño desvío emocional: Rulo.
Hacía tiempo que tenía ganas de usar una canción de Rulo como hilo vertebrador de uno de mis relatos. Porque Rulo me recuerda a mis tiempos mozos, cuando tocaba con La Fuga y tanto mis amigas como yo lo sentíamos como si fuera un colega más.
Por contar una anécdota que no viene para nada al caso (pero me sale del alma): durante muchos años íbamos a un local en mi lugar de origen, y cuando entrábamos mi grupo de amigas y yo, el dueño del pub nos ponía “Negociando gasolina”. (Discazo ese, por cierto).
En esa época, Rulo cantaba al desenfreno, a la fiesta, a los besos de alquiler.
También al desamor, sí… pero a ese de juventud, al que se te cura con resaca y dos mensajes mal enviados.
No como este.
No como el que te pilla en la entrada de los cuarenta, cuando pensabas que ya habías aprendido algo. Que esta vez iba en serio. Que el amor, ahora sí, era un refugio y no una ruleta.
Y de repente: pum.
Te quedas sola pasados los idus de marzo (pero cerca) y con una canción nueva de Rulo que, esta vez, ya no suena a bar...
Suena a turbulencia, naufragio, a procedimientos abreviados, a finales, a lluvia en agosto.
Y es que poco se habla de cómo son los veranos cuando te estás recuperando de una ruptura que te dejó en los huesos, en medio de lo que te parecía un desierto.
He leído bastantes comentarios de gente que, como yo, lo ha estado pasando mal.
Y es curioso cómo se repite el mismo patrón: en estas fechas, en las que tus amigos se van de vacaciones, en las que todo el mundo tiene planes, en las que Instagram parece una agencia de viajes…
tú te quedas más tirado que un castillo de arena en marea alta.
Y encima con el runrún constante de que “el verano es para disfrutar”.
¿Disfrutar el qué?
¿El vértigo de haberte quedado sola después de hacer planes para dos durante años?
¿El silencio del móvil que antes sonaba a diario?
¿Las mañanas largas, las noches más largas aún, y las canciones que no puedes escuchar porque te trinchan la patata?
Poco se habla de esto.
De los veranos en los que no hay alegría espontánea, sino resistencia emocional.
En los que no estás de vacaciones, sino en modo supervivencia.
En los que, como dice Rulo, “no seremos dos locos buscando el mar”, porque ya no hay dos, y porque tú —por fin— has dejado de buscar.
No habrá tercera parte, no habrá reposición
Ni llamadas nocturnas a tu buzón de voz
No más impertinencias, ni siquiera un perdón
Abriste diligencias, espero ejecución
Y sí, aunque Rulo se haya comido toda la fase intermedia del procedimiento abreviado y vista de juicio oral, y se haya plantado como quien no quiere la cosa en la ejecución de la sentencia, todos entendemos a qué se refiere.
A ese punto de no retorno.
A ese momento en el que ya no hay llamadas, ni excusas, ni portazos dramáticos.
Siempre nos quedará el silencio (dicen).
En mi historia, hay detalles que no podría perdonar jamás.
Pero como humana de costumbres, no he podido evitar —en algunos momentos— sentir una nostalgia profunda.
Nostalgia que luego se disuelve con una reflexión.
Y que, por qué no decirlo, acabo despidiendo con un cantarín:
ANDA A TOMAR POR EL C*.
Que mientan los poetas cuando hablen del amor.
Que callen los cobardes como me callo yo.
Estas dos frases resumen muchas más cosas de las que parecen.
La primera desmonta el mito del amor que nos contaron en los libros, en las películas, en los culebrones, en las canciones… ese que iba a salvarnos, a ser un refugio, a durar. Mentira.
Lo que duele no es solo el final, es el engaño de la historia.
La idea de que el amor de verdad no te destruye, ni huye, no desaparece sin explicaciones.
Spoiler: sí. Sí lo hace.
Y la segunda es todavía más demoledora: no solo señala a quien se va sin decir nada.
También habla de nosotras, de quienes tenemos mucho que decir pero elegimos callar.
No por cobardía, sino por dignidad. Ese “¿pa qué?” que todos conocemos.
Pero volviendo al tema de las vacaciones estivales.
Estamos solos... sí.
¿Y qué?
¿Vamos a privarnos de generar vivencias que recordar cuando lleguen los oscuros días de invierno?
YO ME NIEGO.
Reconozco que los primeros días de mis vacaciones, en los que te quitas el ritmo de cumplir con tu horario laboral —ese que durante estos meses me había servido de anestesia —, han sido un poco extraños.
De hecho, al tercer día, pensé incluso en volver al trabajo.
Me causaba agobio toda esa cantidad de tiempo libre.
Demasiado espacio. Demasiado silencio.
Pero luego me acordé de quién soy.
De que soy una persona con muchas aficiones, curiosa, sociable...
Y que porque una persona importante en mi vida haya desaparecido sin dejar rastro, no voy a dejar de vivir.
Así que decidí convertir la adversidad en una oportunidad:
La de marcarme una nueva rutina en aras de disfrutar de mis aficiones.
✔️ ¿Gimnasio a las 8:30 de la mañana en agosto? Súper recomendable.
✔️ ¿Playita después? ¿Por qué no?
✔️ ¿Planes en solitario o con mis amigos? Sí a todo.
✔️ ¿Comer rico sola o acompañada en sitios chulos? Sí, sierra.
✔️ ¿Volverme una iconoclasta y visitar todos aquellos lugares a los que iba con él para generar nuevos recuerdos? Por supuesto.
✔️ ¿Ir a navegar con gente que a él no le caía bien o le hacía sentir inseguro? Vamos, hombre. Ni cotiza.
No seremos dos locos buscando el mar…
Esta vez será solo una loca.

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