PARALELO III: "Yo soy de aguja"
Muchos viernes me reúno con un grupo entrañable: mi hermana, mi cuñado y algunos amigos con los que el tiempo se escapa entre risas y palabras. Somos buenos conversadores —curiosos, intensos, a ratos mordaces— y nuestras tertulias fluyen con naturalidad desde lo cotidiano, como el trabajo o el vaivén de nuestros proyectos vitales, hasta anécdotas insólitas, desvaríos sobre el desconcertante estado del mundo o teorías más o menos serias sobre cómo podría acabarse todo. Todo cabe, mientras haya una cerveza fría y ganas de pensar (y reír) juntos. Hace unos viernes se sumó a nuestras reuniones un amigo de toda la vida. Aquella noche, entre cervezas y confesiones cruzadas, nos dejamos llevar por la conversación hasta desembocar en un tema que nos tocó a todos: cómo han cambiado las formas de comunicarse y, con ellas, la ligereza con la que a menudo se habita el vínculo. Hablamos de la superficialidad, del vértigo de lo inmediato, y de esa creciente falta de compromiso que p...