Vol. 15: Lodo - Xoel López

Dicen los expertos en la materia que la música tiene el poder de activar a la vez las áreas del cerebro ligadas a la memoria (hipocampo), la emoción (amígdala) y el procesamiento auditivo (corteza temporal).

Por eso, cuando una melodía se escucha en un momento intenso, queda grabada junto a la emoción y al contexto. La huella es tan profunda que incluso personas con demencia avanzada pueden recordar canciones de su juventud aunque hayan perdido casi todos sus recuerdos.

Mi abuela, en los últimos años de su vida, padeció demencia senil. En sus días más claros nos sentábamos juntas a buscar llaves. A veces eran canciones, otras frases sueltas o cadenas de palabras que repetíamos una y otra vez (peseta, caballo, manzana). Y otras veces le pedía que me contara historias que venían de muy lejos.




Una de las que más repetía hablaba de su padre, maestro del Estado, que tuvo que exiliarse a la Argentina cuando ella apenas tenía 16 años. En Santa Fe siguió enseñando, no por vocación, sino por pura necesidad.

Años después regresó a su tierra, pero el Estado ya no lo reconoció como tal. Le arrebataron el título y terminó jubilándose como labrador.

De aquel exilio trajo consigo un gramófono Victrola, fabricado por la empresa Victor Talking Machine Company. Tenía un altavoz integrado en un mueble de madera y funcionaba de manera mecánica: se le daba cuerda con una manivela y el disco giraba gracias a esa energía acumulada.

El destino final de ese gramófono daría para otra entrada en este blog, pero hoy prefiero quedarme con la imagen de mi abuela, joven, pegada a aquel artilugio mientras sonaba Madreselva en la voz de Gardel. Se la sabía entera. Y yo también, de tantas veces que la escuché cantarla:

«Vieja pared del arrabal, tu sombra fue mi compañera.
De mi niñez sin esplendor, la amiga fue tu madreselva…»

Con los años, y el avance de la enfermedad, Madreselva fue perdiendo palabras. Hasta que un día lo único que nos quedó fue la melodía. Pero incluso entonces, cuando le ponía la canción, cerraba los ojos, la escuchaba con atención y me decía que le gustaba mucho.

Estoy segura de que esa melodía le regalaba fragmentos de vida, incluso cuando la memoria ya se deshilachaba y las palabras no encontraban salida.

Lo cierto es que, cuando hoy escucho Madreselva en la voz de Gardel me ocurre algo curioso. Me conecta con el recuerdo de mi abuela, pero a la canción le falta algo. Falta como una segunda voz. Es como cuando interiorizas la melodía de un dúo y, de pronto, uno de los dos ya no está. Ya no suena igual. Suena incompleta.

Música – Memoria – Emociones.

Ese tren de palabras me lleva inevitablemente a mí, a otro momento de mi vida. Porque a veces ocurre que, en medio de una emoción intensa, te aferras a una canción como a un salvavidas. Y esa canción, por mucho tiempo que pase, siempre te devuelve a ese instante.

Con el paso de los meses las vivencias se asientan, las emociones se calman, y entonces puedes mirar aquel sufrimiento desde el yo sereno de ahora, e incluso comprender por qué aquella canción fue la elegida.

El 21 de marzo lo recuerdo con una claridad dolorosa. Caminaba hacia la oficina muy temprano. Tan temprano que ni la ciudad había despertado del todo. En esos tres kilómetros que separan mi barrio de mi trabajo, avanzaba con los brazos cruzados, abrazándome a mí misma como si intentara contener el derrumbe interior.

El Spotify iba en aleatorio cuando, de pronto, sonó Lodo, de Xoel López.

Lo curioso es que muchas veces la había saltado. Al ser la banda sonora del Xacobeo 2021, esos fragmentos de anuncio repetidos hasta la saciedad habían hecho que la tuviera atravesada. Pero esa mañana no. Esa mañana la escuché de verdad.

Me dejé llevar por la letra y por ese mensaje brillante que, justo entonces, me venía como anillo al dedo:

Si el frío rompe la noche de escarcha,
el hielo hará crecer la herida.
Más sabia, más sabia.
Si te encuentras frente al silencio,
pronto te darás cuenta
de todo, de todo.

¿Cómo no iba a quedarme en esa canción, si ahí estaba yo en aquella madrugada helada, con el pecho abierto?

Y sí, recuerdo que me daba cierta paz pensar que todo aquello pasaría, como habían pasado otras tantas cosas.

Si estás atrapado en las sombras,
aguarda, aguarda.
Del lodo crecen las flores,
más altas, más altas.

Siendo honesta, cuando recuerdo esa imagen de mí misma, abrazada a mi propio cuerpo en aquella madrugada, pienso que, si pudiera desdoblarme con todo lo que sé ahora, correría a alcanzarme para susurrarme al oído:

“Todo lo que viviste con esta persona era mentira. Te engañó desde el principio y solo estaba contigo porque le reportabas beneficios. Eso será lo más duro de asimilar: que la persona que decía quererte nunca existió y nunca te quiso.

No volverás a saber de él, así que mata la esperanza de que regrese arrepentido.

Te ha vendido la historia de que se enamoró de su subordinada, pero eso tampoco es verdad.

Y lo más cruel: después de todo el apoyo que fuiste, en su versión de los hechos tú eres la mala, y así lo contó a su círculo.”

Si pudiera volver a ese instante, no solo me diría esas verdades en su versión más cruda. También me abrazaría con fuerza y me diría: “Hiciste lo que supiste con el corazón limpio, y eso nunca fue un error. La culpa no era tuya.”

Yo no me di cuenta “pronto”, como promete la canción. Tardé en atar todos los cabos e ilustrarme sobre quién era ese señor.

Y quizá hayas andado el camino ya
cuando mires atrás.

Hoy, con la distancia recorrida, solo puedo decir algo: que a pesar del golpe, casi seis meses después de aquello, me siento afortunada. Porque las cosas siguieron el camino que debía ser desde el principio: él el suyo y yo el mío.

He aprendido la lección de no creer nunca más palabras que no vengan acompañadas de hechos. “Por sus acciones los conoceréis.” Yo he quedado retratada como lo que soy, y él también.

Del lodo también pueden crecer madreselvas. Y las mías, os lo aseguro, ya están en flor.

Si alguna vez has pasado por algo parecido, te dejo esta canción, que fue mi linterna en uno de los días más oscuros de los últimos años:


 Si quieres seguir el hilo: 


O explorar más en mi Cuaderno de canciones.

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