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Mostrando entradas de septiembre, 2025

PARALELO VIII- SOY DE ALDEA.

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Vivo en una ciudad, pero soy de aldea. Y lo digo sin arrugarme, porque si me apuras hasta siento que me estiro un palmo cuando alguien me pregunta: -¿Tú eres de aquí de toda la vida? -No, yo soy de aldea -respondo. A veces la respuesta es así de simple -y provocadora- , otras veces concreto lugar, según las ganas… o la confianza que me inspire el interlocutor. Para muchos, “ser de aldea” no significará nada. Para otros, incluso puede sonar a algo trasnochado, como de película de Paco Martínez Soria. Pero, ¿queréis saber por qué para mí es tan importante? PRIMERO.- Ser de aldea es crecer sabiendo que no eres solo tú. Que eres un eslabón más de una cadena larga: la hija de, la nieta de, la de la casa de tal de tal sitio. Y todo el mundo te reconoce así.  Obviamente, eso tiene sus ventajas y sus cargas. Una cara de la moneda es la de sentirte arropada y saber que el nombre de tu casa -sí, el de tu casa, no tu apellido- nunca se pierde en el aire, porque siempre hay alguien que lo ...

Vol. 15: Lodo - Xoel López

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Dicen los expertos en la materia que la música tiene el poder de activar a la vez las áreas del cerebro ligadas a la memoria (hipocampo), la emoción (amígdala) y el procesamiento auditivo (corteza temporal). Por eso, cuando una melodía se escucha en un momento intenso, queda grabada junto a la emoción y al contexto. La huella es tan profunda que incluso personas con demencia avanzada pueden recordar canciones de su juventud aunque hayan perdido casi todos sus recuerdos. Mi abuela, en los últimos años de su vida, padeció demencia senil. En sus días más claros nos sentábamos juntas a buscar llaves. A veces eran canciones, otras frases sueltas o cadenas de palabras que repetíamos una y otra vez (peseta, caballo, manzana). Y otras veces le pedía que me contara historias que venían de muy lejos. Una de las que más repetía hablaba de su padre, maestro del Estado, que tuvo que exiliarse a la Argentina cuando ella apenas tenía 16 años. En Santa Fe siguió enseñando, no por vocación, sino por pu...

PARALELO VII- Septiembre, ese enero impostor.

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Septiembre, ese enero impostor Un mes disfrazado de comienzo: mitad crítica, mitad romanticismo. 1 de septiembre. Entro en redes y me encuentro con un “¡Feliz año nuevo!”. ¿Feliz año nuevo? ¿Acaso es 1 de enero? ¿Ya hemos pasado el solsticio de invierno? ¿Se ha cerrado el 31 de diciembre y devengado el IRPF de 2025 y yo no me he enterado? ¿Se han aprobado, por fin, los Presupuestos Generales del Estado o seguimos, como cada año, con ellos prorrogados? ¿Faltan siete días para las rebajas? Pues va a ser que no. No es invierno, no es enero, no hay ritual de las uvas, ni brindis, ni balances vitales, ni la capa de Ramontxu en la tele. Lo que hay es el primer día del mes de septiembre. Que cae a lunes. Con la alarma sonando y la oficina esperándote. Si no eres de los que están apurando los últimos días de vacaciones o los que las están empezando, con suerte, estás preparado –qué remedio– para volver un poco más descansado. Lo justo para mantener los chakras alineados las primeras semanas y...