PARALELO VIII- SOY DE ALDEA.
Vivo en una ciudad, pero soy de aldea. Y lo digo sin arrugarme, porque si me apuras hasta siento que me estiro un palmo cuando alguien me pregunta: -¿Tú eres de aquí de toda la vida? -No, yo soy de aldea -respondo. A veces la respuesta es así de simple -y provocadora- , otras veces concreto lugar, según las ganas… o la confianza que me inspire el interlocutor. Para muchos, “ser de aldea” no significará nada. Para otros, incluso puede sonar a algo trasnochado, como de película de Paco Martínez Soria. Pero, ¿queréis saber por qué para mí es tan importante? PRIMERO.- Ser de aldea es crecer sabiendo que no eres solo tú. Que eres un eslabón más de una cadena larga: la hija de, la nieta de, la de la casa de tal de tal sitio. Y todo el mundo te reconoce así. Obviamente, eso tiene sus ventajas y sus cargas. Una cara de la moneda es la de sentirte arropada y saber que el nombre de tu casa -sí, el de tu casa, no tu apellido- nunca se pierde en el aire, porque siempre hay alguien que lo ...